Me gustaría que enloquecieras y tiraras todo al suelo, rompieras el aire, el silencio, las ganas, mientras yo me quedo en una esquina, con los ojos cerrados, gritando sin razón para poner banda sonora a este momento de pasión.
Pero en cambio me miras sin ojos y pones tu brazo bajo mi cabeza, para que me sienta reconfortada en la nada, sobre tu cuerpo vacío de mí, dentro de mi cuerpo, ahora lleno.
De pronto, la música deja de sonar y me siento como una niña, que juega con su perro que agoniza en silencio… Miro mis manos y están llenas de sangre, me quedo sin aire, porque no logro adivinar si esa sangre proviene del perro, ya muerto, o de los grandes y profundos cortes que hay por todo mi cuerpo, ahora vacío.
domingo, 24 de enero de 2010
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